Amanecer Bíblico En El Monte Sinaí

Son las 11 de la noche. Las estrellas salpican violentas el cielo negro de Dahab. No traje zapatillas deportivas, no tenia pensado escalar 2.000 metros en la madrugada, pero el recepcionista del hostel, como todo Egipcio, me ofrecio sin titubear y sin que lo pida, todo un equipo para la aventura. En pocos minutos llega el minibus.

La ruta es un recorrido oscuro y tenebroso, templado por la comica imagen del chofer beduino con tunica blanca y panuelo rojo estilo saudita. Llegamos a la base de la montaña. Aún no veo nada y comienzo a preguntarme si esto valdrá la pena.

Comienzo a subir con un grupo de japoneses que no hablan inglés ni español, pero con los gestos y a pocas sonrisas nos entendemos. Hacia adelante no se ve nada, y me doy cuenta de que olvidé de buscar una linterna (eso tambien), pero ellos me alumbran el sendero cuesta arriba. Mi preferido es Mohamed, el guia. Un beduino de unos 17 años, o al menos eso cree tener.

Es imposible no evocar una escena bíblica. El sendero que rodea la montaña sólo se hace visible a través de una hilera intermitente de linternas, a veces más arriba, a veces más abajo, que dibujan los turistas pseudo-peregrinos. De repente, escucho en la oscuridad un brusco masticar muy cerca de mi oreja. Es un camello, que sin darme cuenta estaba al lado mio placidamente sentado. Los beduinos, asentados a lo largo del escueto sendero comienzan a ofrecer “camel? camel? Goooood camel!”, ante la risa sorprendida de los que no lo anticipamos.

Valentina en el Monte Sinai - Mi vida en una valija

El camino es agotador, pero los paradores beduinos ofrecen alfombras, cobijo y té para aliviar el recorrido. Llegamos finalmente a las 3am, y junto a un grupo agotado y dispersado nos refugiamos bajo frazadas pesadas y polvorientas, esperando que salga el sol.

La luz de la aurora comienza a asomar entre la puerta de hierro, y salimos a subir las últimas piedras hacia de la cima desde la que Moises, según la tradición bíblica, recibió los 10 mandamientos. El monte es importante tanto para cristianos, como para judíos y musulmanes (de hecho, en árabe la llaman Gebel Musa, o monte Moisés), y las leyendas tienen todas una raíz común. Más abajo, ya al final del recorrido, llegaríamos al monasterio de Santa Catalina, uno de los más antiguos de la tradición cristiana, construido por la madre del emperador Constantino en el lugar exacto en que el Moisés presenció el milagro de la zarza ardiente.

Mientras el sol sube y recubre de niebla a las montañas, comienza un festival de colores rojizos, violetas y anaranjados que dibuja un paisaje etéreo y fugaz. Los turistas suben, posan, bajan, sacan fotos y vuelven a subir, embriagados por la belleza inquieta de la mítica montaña, mientras los beduinos, aposentados en la fría piedra rojiza, observan estoicamente un nuevo día venir.

 

Beduino el el Sinai - Mi vida en una valija

 

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